Hay un libro a medio terminar en tu mesa de noche. Artículos guardados para después. Y ahora llego yo con un correo, porque lo que te faltaba era otra suscripción. Un abrazo a tu bandeja de entrada.
Voy a intentar justificarlo.
¿Te pasa que sabes que no puedes controlarlo todo, pero una supervisión discreta nunca está de más? ¿Que quieres que los demás sean independientes, hasta que toman una decisión sin consultarte? ¿Que aprendiste a poner límites y ahora necesitas que nadie se moleste cuando los pones?
A mí también.
He estudiado budismo y me formé como profesor de meditación. Y todavía puedo ensayar una conversación entera en mi cabeza donde yo tengo razón, tú por fin entiendes y todo el mundo reconoce lo bien que lo expliqué. Una práctica bastante constante. La meditación también.
No soy un gurú. Tengo formación, preguntas y algunas reacciones que claramente no se han enterado de mi formación.
Ese espacio entre lo que entendemos y lo que hacemos es donde vive Iluminarse no es tan fácil.
Un ejemplo de los que me tocan de cerca. El Buddha enseñó que el aferramiento alimenta el sufrimiento, y uno puede aferrarse hasta a una identidad que parece admirable: el fuerte, el que resuelve, el que siempre está disponible. Hasta que necesitas descansar y te sientes culpable. O alguien resuelve sin ti y, junto con la alegría, aparece una incomodidad que preferirías no tener que explicar. Si ya no hago falta, ¿qué lugar ocupo?
Ahí la enseñanza empieza a tocar algo real.
De eso va esto. Cada quince días, junto al episodio nuevo, te escribo un texto corto sobre una de esas contradicciones: una escena cotidiana, una enseñanza budista y alguna pregunta que todavía estoy trabajando.
No puedo prometerte paz interior. Sí textos cortos. Conviene empezar por compromisos que uno pueda cumplir.
El último episodio ya está publicado. Si quieres empezar por ahí:
Nos escuchamos en la próxima respiración.
Robert